domingo, 18 de abril de 2010

Carta de un Pie Izquierdo



Una bocanada de aire fresco entró en los pulmones de los adictos lectores de crónicas, perfiles y reportajes: nació la primera revista de periodismo narrativo de Bolivia. “Pie Izquierdo busca salir de la coyuntura pura y dura de cada día con un propósito simple (y a la vez un tanto complicado): contar historias”, nos adelantó Álex Ayala desde La Paz. “La revista buscará dar protagonismo a géneros periodísticos que en Bolivia están casi condenados al destierro como el perfil, la crónica y el reportaje de largo aliento; mirará hacia adentro pero también a otros países; y buscará la calidad en cada uno de sus textos”, contó el director de la publicación.

Pie Izquierdo no sale de la nada y tiene espejos donde mirarse: Gatopardo de México, Etiqueta Negra de Perú, El Malpensante de Colombia, Marcapasos de Venezuela o Soho de Colombia son algunos de los medios que son una referencia en América latina.

“Escaparemos de la peste del periodismo notarial –que registra datos pero que no los explica–. Huiremos también de los estereotipos y las temáticas habituales. Intentaremos mostrar en cada nota una nueva interpretación del mundo. Partiremos de lo local como un vehículo para adentrarnos en lo global. Y daremos un lugar preferencial a los textos sin fecha de vencimiento, aquellos que son como el buen vino, que permanecen por mucho tiempo en el paladar de la memoria”, se explayó Ayala.

“En el número uno de la revista escribe Juan Pablo Meneses sobre su viaje a la Conchinchina. El colombiano Alberto Salcedo lo hace sobre un árbitro que había sido boxeador y que le pegó a varios jugadores a lo largo de su carrera. Leonardo Haberkorn es el responsable de la nota central (Juntos fueron dinamita), que relata la historia de un gringo que sembraba bombas allá por donde pasaba y de su pareja, una uruguaya acostumbrada a enamorar y casarse con gente de plata. Los atraparon aquí, en Bolivia” adelantó. Y continuó: “Tenemos también varias secciones fijas. Una de ellas es el Gourmet, donde haremos perfiles a conocidos chefs de Bolivia y luego les pediremos menús ‘especiales’: para recibir el fin del mundo, para afrontar una infidelidad, para celebrar un divorcio, etcétera. Otra es Noche y Día, una sección con crónicas de contraste (por ejemplo: cura de pueblo, cura de ciudad)”.



Ayala, quien viene gestando la revista desde hace ocho meses, aclaró que no quiere hacer ni un The New Yorker en español, ni un Etiqueta Negra a la boliviana: “Nuestra búsqueda será encontrar una voz diferenciada. Será difícil. Al principio (espero que no) es posible incluso que no seamos nada más que un mal boceto, que nos podamos parecer, en mayor o en menor medida, a otros medios. Pero no renunciaremos a nuestra meta: consolidar una identidad propia”.

A la carta
Para hacer todo esto es que Ayala envió una carta invitando a participar en este nuevo emprendimiento a unos 400 periodistas, no-periodistas y escritores jóvenes, no tan jóvenes y consagrados, bolivianos y de otros países, “preocupados por el qué (por lo que cuentan) pero también por el cómo (por la manera en que lo hacen); que estén interesados en ir siempre un pasito más allá en todo lo que emprenden; que estén dispuestos a un diálogo constante entre el autor y el editor para conseguir textos más compactos; que le den tanta importancia a la investigación y a la reportería –a tomarle el pulso a la calle y a los personajes, en definitiva– como a aquello a lo que García Márquez llamaba carpintería –es decir, a la construcción de los escritos–; y que sean capaces de descubrir hechos extraordinarios dentro de aquellas realidades aparentemente más mundanas” dice la carta. “En resumen, queremos colaboradores comprometidos con el difícil arte de narrar historias”, pide.

El peso de la publicación va a recaer sobre esos colaboradores de todas partes del mundo. Sin embargo, Pie Izquierdo tiene una redacción: “Somos un grupo pequeño pero trabajador. En la redacción somos cuatro personas. No somos muchos pero tenemos una meta clara: estar en las calles y fijarnos en los pequeños detalles. De esos detalles nacen las mejores crónicas”.

–¿Cómo se va a financiar la revista?
–Para responder a la pregunta te cuento el proceso del proyecto. Todo empezó como una idea mía, que llevo preparando desde hace unos ocho meses. Quería que el periodismo narrativo entre con fuerza en Bolivia. Abrir espacios. Pero no tenía toda la plata necesaria. Hace seis meses conocí a un tipo, a uno de esos locos que aparecen de vez en cuando, interesado en que saliera una revista como esta. Él puso una parte del capital, yo la otra y mi cuñado lo que faltaba. Renuncié a mi trabajo anterior (estaba como editor de periodismo narrativo en el semanario Pulso). Tenemos dinero como para salir a la calle un año. Apostaremos fuerte por la suscripción y esperamos que con la publicidad y las ventas se asiente la empresa.



“Nacer como revista en tiempos de crisis no será nada fácil. Pero no habrá excusas. La inseguridad será para nosotros una especie de seguro a todo riesgo: garantizará trabajo, soluciones ingeniosas y compromiso. Tres materias primas muy importantes ante la empresa que ahora nos ocupa. La divina providencia (asquerosa a ratos) y varios cientos de esos cochinos dólares tan imprescindibles para poner en marcha un proyecto como éste harán el resto”, pronosticó Ayala. La apuesta está hecha, las cartas corren sobre la mesa. Es hora de jugar.

Acá, el spot de presentación: