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viernes, 18 de junio de 2010

Atrapado en un viaje


Juan Pablo Meneses escribió sobre el pueblo donde viven muchos de los jubilados que trabajaron como fenómenos (freaks) en los circos estadounidenses; persiguió en Kenia a las piernas atléticas de los corredores de larga distancia; retrató a los corajudos niños boxeadores del sur chileno; contó la historia de los amazon boys, muchachos que en la Amazonía peruana se dedican a enamorar a turistas gringas; cuestionó a Manu Chao; compró una vaca, la crió, la engordó, ¿la llevó al matadero? y lo contó; viajó con una barra brava que llevaba una granada de mano en el colectivo y definió aquello que hace desde hace más de 10 años como periodismo portátil: viajar para contarlo.

Meneses estuvo en Córdoba y presentó su último libro, Hotel España, donde recorre Latinoamérica hospedándose en los hoteles que fueron fundados con la esperanza de que ese nombre les diera brillo, y que ahora son “una metáfora que funciona perfecto para el Bicentenario: la mayoría de estos hoteles están viejos, decadentes, abandonados”, nos contó el escritor chileno. Y remató: “Después del viaje siento que en la América latina de hoy, España es un hotel viejo. Así la vemos”.

–El libro se llama Hotel España, un nuevo descubrimiento de América latina ¿qué descubriste de Latinoamérica en tu viaje?
–Muchas veces somos una simple escenografía. Un decorado por el que siempre vemos pasar buses llenos de gringos cargando mochilas que nos toman fotos. En el viaje me crucé con lo que uno ya sabe. Somos una región llena de desigualdades: tenemos 200 millones de pobres y el hombre más rico del planeta. Pero, también, me topé con que vivimos en constante estado de emergencia. Y no sólo porque tengamos 1.200 muertos al día por violencia urbana, sino porque vivimos con esa urgencia de no querer estar aquí. Muchos buscan en sus antepasados aquel pasaporte que nos haga recordar que solo estamos en esta región por accidente, porque en realidad somos de otro lado. En ese sentido, y después de 200 años, América latina todavía no existe.

–¿Qué rol juega España en América latina?
–España juega un rol lejano. Basta darte cuenta de que Estados Unidos, Argentina y México, por ejemplo, tienen una influencia cultural mucho más fuerte en el resto del Continente que la lejana España. Después de recorrer todos los hoteles España de Latinoamérica terminé chocando con una metáfora que funcionaba perfecto para el Bicentenario. La mayoría de estos hoteles eran viejos, decadentes, abandonados. Después del viaje siento que en la América latina de hoy, España es un hotel viejo. Así la vemos.



La adicción. Meneses, creador de la Escuela Móvil de Periodismo Portátil, dejó su trabajo de oficina para comenzar una nueva vida muy diferente: “Cuando comencé con el periodismo portátil y decidí dejar todo para escribir historias y viajar por el mundo, la ilusión era poder hacerlo durante cuatro meses. Han pasado más de 10 años, y sigo en la ruta. Nunca más volví a vivir en mi país, y sigo pasando la mayor parte del tiempo escribiendo historias y viajando. En ese sentido, Hotel España es también una reflexión sobre los costos y las renuncias de dedicar mi vida a eso que parecía una ficción. El día que decidí apostar todo para hacer lo que quería, no sabía que esa misma decisión la iba a tener que tomar todos los días. Había comenzado la adicción. Esto no es algo que uno elige una sola vez, sino que termina siendo una constante diaria. Sigo creyendo que la vida portátil la dejaré el día que realmente lo quiera hacer, pero sé que los centros de rehabilitación y desintoxicación están llenos de personas que pensaban lo mismo".

–¿Cómo es seguir el itinerario del periodismo portátil, salir a la ruta para contarlo? ¿Hay alguna manera especial de mirar?
–Estoy convencido de que cada uno tiene su propia manera de ver el mundo. Por eso defiendo el periodismo de autor, la crónica de autor, la narración de autor. Hoy es fácil toparse con voces que solo son la traducción de una primera versión en inglés, o aquellos que escriben sin ganas ni siquiera para firmar sus textos, o aquellos que hacen una carrera como “cronistas miserias” llenando sus textos de crónica roja, pobreza amarillista, narco-clichés, y dividiendo al mundo entre buenos y malos. Para dedicarte al periodismo portátil creo que es fundamental poder dar con esa voz propia, con esa mirada propia, que no se transmite dando consejos y que está dentro de cada uno. No soy de dar recetas, pero si no vas a decir nada nuevo, si no vas a contar desde otro ángulo, si no vas a sorprendernos con lo que tienes que decir, es mejor que saques a la calle tu mirada. Ahí está todo. La manera más especial de mirar, es entender que el periodismo es callejero.

–¿Este es tu libro más personal?
–Claro, es mi libro más personal por varias razones. Es el que tiene escritas más partes que me dan pudor que se lean, confesiones más bien íntimas referidas a mi vida en los últimos 10 años. También, es el libro donde revelo más secretos de mi oficio. Donde muestro, por primera vez, buena parte de la trastienda de la vida portátil. Y es también una mirada hacia atrás, de las cosas que fueron quedando en el camino, y de aquellas que se agregaron. Es el más personal. Y, por eso mismo, creo que es el libro que siempre quise escribir.

Acá, el autor cuenta su libro:

jueves, 16 de abril de 2009

Del blog al papel



El periodista portátil Juan Pablo Meneses va a sacar un libro en el que recopila las mejores historias del blog que escribió hace tres años en Clarín.com. Allí se metía con los mitos argentinos, con la mirada de un chileno aporteñado. Además, los comentaristas dejaron su versión del Che, el tango, los taxis, Maradona, la educación, el psicoanálisis, Evita, la Patagonia y los inmigrantes. En la contratapa se lee: “Ahora en libro, Crónicas argentinas se puede leer como la historia de un país que vive enfrentado a sus mitos. Una crónica escrita en tiempo real, entre Meneses y los comentaristas anónimos”.

También, este libro reflexiona sobre el significado de los comentarios en la red. Para eso Meneses fue a buscar a quienes aportan, discuten, insultan y se analizan en su blog y charló cara a cara con ellos, los de siempre, los comentaristas anónimos.

Vía Leandro Zanoni

lunes, 24 de noviembre de 2008

Etiqueta Negra online



Desde hace algunas semanas se pueden leer online los textos que publica la revista peruana Etiqueta Negra. Los peruanos Mario Vargas Llosa y Alfredo Bryce Echenique, los mexicanos Juan Villoro y Alma Guillermoprieto, los chilenos Alberto Fuguet y Juan Pablo Meneses, el argentino Martín Caparrós, los españoles Enrique Vila-Matas, Fernando Savater, Juan Bonilla y Joaquín Sabina y los estadounidenses Jon Lee Anderson y Susan Orlean, son algunos de los que firmaron en esta revista que desde hace 65 números no llega a la Argentina.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Huellas periodísticas



La revista Surcos propone periodismo narrativo sobre la realidad latinoamericana. Se trata de una publicación bimestral que reúne firmas como la de Martín Caparrós, Marta Dillon, Martín Sivak, Juan Pablo Meneses y Cristian Alarcón.

La publicación tiene una nota principal, una entrevista y un relato fotográfico por número. Juan Pablo Meneses, que escribe para Surcos desde el primer número, cuenta: "En ese momento sólo estaba el entusiasmo del director y del editor, que imaginaban una revista con historias de América latina. El plan parece que funcionó: Surcos es uno de los secretos mejor guardados del periodismo en español, una de las pocas revistas latinoamericanas donde suelo encontrar temas y formas de periodismo diferentes a la de todos los días".

sábado, 12 de julio de 2008

La invención de la realidad

Por Carolina Ethel (El País, de Madrid)

"Una crónica es un cuento que es verdad", escribió Gabriel García Márquez. Una nueva generación de cronistas de América latina se lanzó a explorar el continente en busca de historias y arrancó a la vida cotidiana una revolución literaria.

América latina dejó de ser un continente inventado por la literatura para transformarse en un continente redescubierto por los narradores. Un grupo de periodistas se situó en la vanguardia literaria con sus ganas de "contar cosas que no fueron soñadas en una noche apacible, sino que fueron vistas en el día anterior y de la vigilia, cosas que están pasando", asegura Patricio Fernández, director de The Clinic, una publicación quincenal que surgió en 1998 con el ánimo confeso de dar palos al ex dictador Augusto Pinochet y que con su espíritu satírico se situó como la más leída en Chile.

Se trata de un grupo de hijos adoptivos del colombiano Gabriel García Márquez, el argentino Tomás Eloy Martínez, el mexicano Carlos Monsiváis o el polaco Ryszard Kapuscinski; además beben sin prejuicios del Nuevo Periodismo envasado en Estados Unidos, que en los 70 etiquetó Tom Wolfe y que antes habían alimentado Truman Capote y Norman Mailer. Los "nuevos cronistas de Indias", como los bautizó la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), que preside el Nobel García Márquez, en Cartagena de Indias (Colombia), son en realidad nativos cronistas de Indias que intentan contar y contarse a sí mismos.

No desdeñan las coloridas crónicas de los descubridores absortos de la colonización, como Bernal Díaz del Castillo o Fray Bartolomé de las Casas, y reconocen en Inca Garcilaso de la Vega al precursor de la crónica latinoamericana. No se tragan entero eso de que el Nuevo Periodismo haya surgido en Estados Unidos y en cambio reivindican, como señala la venezolana Susana Rotker en su libro La invención de la crónica (FCE), a José Martí, a Manuel Gutiérrez Nájera y a Rubén Darío, que a finales del siglo 19 aplicaban a sus despachos periodísticos la mirada escrutadora, la potencia estilística y la pretensión literaria que ahora vuelve a invadir revistas, intenta tomar diarios y se fueron acoplando tímidamente, pero con fuerza, a la herramienta del blog.

Tiene este semimundo "cronístico" de periodistas y literatos mexicanos, chilenos, colombianos, argentinos y peruanos, una conciencia de familia que incluye a padrinos notables como los mexicanos Alma Guillermoprieto, Elena Poniatowska y Juan Villoro, al argentino Martín Caparrós, al chileno Pedro Lemebel y al estadounidense Jon Lee Anderson. Todos ellos, a excepción de Lemebel y Poniatowska, fueron maestros de muchos de estos nuevos cronistas en los talleres que hace 11 años desarrolla la FNPI en varias ciudades de la región y que contribuyeron a crear redes entre ellos.

Los sociólogos contemporáneos diagnosticaron la pérdida de la capacidad de asombro como una especie de patología latinoamericana ante el inventario reiterado y frío de muertos que produce la violencia, la avalancha de estadísticas de inequidad y las tramas de corrupción. En este contexto, los nuevos cronistas de Indias le ponen rostro y color a las historias del día a día para acercarlas a la gente. El peruano Toño Angulo Daneri, editor en España de la revista Etiqueta Negra y ahora vinculado a La Fábrica Editorial en España, define la crónica como "esa hija incestuosa de la historia y la literatura, que existe desde mucho antes que el periodismo".

Estos cronistas miran la realidad con un temario en el cual hay espacio para lo cotidiano y popular con sus historias mínimas o heroicas; para la cultura ancestral o del buen comer; para las vidas que hay detrás -o dentro- de los ídolos del deporte, la música o la actuación; para los entresijos del poder; para compartir la euforia de las fiestas; para tratar de entender lo absurdo o lo freak, que se escapa al reporte metódico de la sala de redacción.

Crónicas que también abordan la Historia y hacen historia. Como parte de aquello que no aparece en los libros de texto se puede leer La tormentosa fuga del juez Atilio, publicada en la revista Gatopardo en 2004. En ella, el salvadoreño Carlos Martínez Dabuisson sigue los pasos del juez de su país que tuvo que huir para salvar su vida después de que le asignaran la investigación del célebre asesinato del padre Óscar Arnulfo Romero en 1980. Martínez Dabuisson, nieto del general al que se le atribuye la autoría intelectual de este crimen, recrea el asesinato y la sucesión de huidas de un juez condenado por querer hacer justicia.

Esta generación de narradores incluso desmonta mitos, como el de Aicuña, un pueblo de La Rioja (Argentina) que se vende en postales turísticas como el reino de los albinos y que Angulo Daneri revela con otras particularidades. Sólo cuatro albinos resaltan en una población de 350 habitantes, que el cronista peruano describe diciendo: "Todos juntos cabrían en una sala de cine, incluyendo a los recién nacidos, los ancianos y el ministro pastoral de la iglesia".

Los canales de distribución de la artesanía crónica, aparte de los pocos espacios que logra robar a diarios y semanarios, son un puñado de revistas que, con esfuerzo, cruzan fronteras: Gatopardo (con más de 200 mil ejemplares en México, países andinos, Centroamérica, Argentina, Chile y Uruguay) y Etiqueta Negra (10 mil ejemplares en Perú y países vecinos). Revistas eminentemente literarias como Letras Libres (México) y Elmalpensante (Colombia). También la revista SoHo, una suerte de híbrido entre Playboy y Maxim, con cerca de un millón de lectores en cuatro países latinoamericanos, dedica al menos 30 de sus páginas a la sección Zona Crónica. The Clinic en Chile, Marcapasos en Venezuela, Rolling Stone y Mano en Argentina también apuestan por el género. Casi todas vienen a ser una reinterpretación de publicaciones anglosajonas, como The Vanity Fair, Harper's, Squire o The New Yorker y todas -unas menos que otras- incorporaron la figura del editor anglosajón. Ese que discute, devuelve originales e incluso replantea el cauce de una historia. Guillermo Osorno, editor de Gatopardo, explica que "hay una transferencia del escritor al editor y se establece una relación creativa de confianza. Después de una discusión, con toda seguridad saldrá una cosa mejor. Editor y cronista se confrontan para producir un texto más eficaz".

Es probable que -si no el éxito- al menos el prestigio del periodismo narrativo que se está haciendo en América latina tenga que ver con la asimilación -permeada por la identidad latinoamericana- de algunas de las técnicas y formatos que acuñaron los anglosajones. Donde cojea, y no sorprenderá a nadie, el llamado "auge" de la crónica es en la condición de freelance ("frilanceros" en el argot latinoamericano) de los cronistas, que son sus propios agentes. Los pesares compartidos tienen que ver con la lucha por obtener más espacio, más tiempo y más dinero por su trabajo. José Navia, cronista del diario (Colombia), recuerda una anécdota agridulce en la que un jefe de redacción, para evitar discusiones con los redactores, tenía un cartel en su mesa que decía: "Si tiene problemas de espacio, vaya a la NASA".

Una de las voces más audaces de la crónica en Argentina, Josefina Licitra, se lamenta de que "los factores tiempo y dinero casi siempre faltan, pero igual se hacen crónicas excelentes, sólo que a costa de que el cronista sacrifique su tiempo libre, su dinero y su salud para poder hacer lo que le gusta". Curtida en el diarismo, su texto Pollita en fuga, en el que trazó el perfil de la jefa adolescente de una banda de secuestradores, le valió en 2003 el Premio Nuevo Periodismo Iberoamericano. Su colección de crónicas Los Imprudentes. Historias de la adolescencia gay lésbica en Argentina, fue editada el año pasado por Tusquets, y algunas de sus historias forman parte de las antologías La Argentina Crónica (Planeta, 2007) y Los mejores relatos de Rolling Stone: Crónicas filosas, en la que también aparecen Leila Guerriero, Cristian Alarcón, Emilio Fernández Cicco, Daniel Riera y Pablo Plotkin.

Tras las revistas, las editoriales empezaron a apostar por la no ficción. Santillana, con el sello Aguilar, recientemente publicó Día de visita, de Marco Avilés, sobre las historias de vida de un grupo de reclusas del penal Santa Mónica en Lima. Random House, con el sello Debate, pilotado por el periodista y escritor Sergio Dhabar, vendió más de 12 mil ejemplares de El acertijo de abril, de Sandra Lafuente y Alfredo Meza, que reconstruye la caída y vuelta al poder en Venezuela de Hugo Chávez en 2002. Planeta publicó en Perú al joven Juan Manuel Robles (Lima freak) y a Sergio Vilela (El cadete Vargas Llosa). Tusquets es una de las pocas editoriales que se arriesgó a importar la crónica latinoamericana a España con el libro Los suicidas del fin del mundo, en el que Leila Guerriero convierte en historia una sucesión de suicidios inexplicables en la Patagonia que de otra manera habrían quedado en el olvido. El volumen Lo mejor del periodismo en América Latina, editado por la FNPI y el Fondo de Cultura Económico, reúne la historia de un periodista que revive el fin de semana de hace dos décadas, cuando fue huésped de Pablo Escobar en la hacienda Nápoles, o la indignante historia de una comunidad intoxicada y deformada físicamente por generaciones, víctima de un fumigante para plantaciones de banano en Nicaragua.

El interés se hizo más evidente en 2002, cuando Planeta/Seix Barral lanzó el premio de crónica, que en su primera edición ganó el argentino Hernán Iglesias Illa con Golden Boys. Este libro es el resultado de una investigación que a Iglesias le llevó a hacer un perfil de los jóvenes brokers argentinos que jugaban a los números en Wall Street mientras Argentina se hundía en la sonada crisis de 2001.

Un registro de la realidad latinoamericana de larga tradición en el continente. Muchos de sus grandes escritores empezaron en el periodismo. El Nobel Gabriel García Márquez, a quien las novelas terminaron por ocultar su faceta de periodista y cronista, la definió hace 10 años en una frase sencilla pero reveladora: "Una crónica es un cuento que es verdad". Hoy Monsiváis reconoce el nuevo ímpetu de la crónica como "un género que mezcla la crónica con el thriller, como una búsqueda de la secularización" y señala el fenómeno del narcotráfico como un detonante de la fiebre narrativa de la no ficción actual.

Los rostros y entornos de víctimas y victimarios los enfoca con nitidez el colombiano Alberto Salcedo Ramos. La serie Un país mutilado que aparece en el más reciente número de la revista colombiana SoHo es el relato de vida de personas mutiladas por la guerra colombiana (atravesada en zigzag por el narcotráfico), que en la prensa diaria sólo engrosan cifras de víctimas. Gracias al acercamiento respetuoso del autor, las víctimas dejan de serlo para convertirse no en héroes -que es el otro extremo de un mismo mal- sino en seres humanos. Para Salcedo Ramos, "el reto que tenemos no es inventar lo sorprendente sino descubrirlo. Mi nirvana no empieza donde hay una noticia sino donde avisto una historia que me conmueve o me asombra". También en Colombia, desde la trinchera de un diario popular del cual es editor, José Alejandro Castaño habla de caparazones de tortugas reconstruidos con cemento o de hipopótamos que mueren de amor en esas enormes haciendas abandonadas de capos de la droga, ahora encarcelados o enterrados. En junio pasado, Norma publicó su libro Zoológico Colombia. Historias de traquetos y otras fieras, en el que Castaño descubre una Colombia absurda, insólita y macabra, que no por eso deja de ser hilarante.

En México, Marcela Turatti consiguió arañar espacios en la prensa diaria, que como en España llena páginas de la vida política y los entresijos del poder, dejando de lado este tipo de historias. El periódico Excelsior publicó Niños jornaleros, en la que hacía "una aguda descripción de la vida y la muerte de centenares de niños mexicanos obligados a trabajar los campos de cultivo en situaciones injustas, precarias y fatales", según el jurado que el año pasado le otorgó el Premio Objetivos del Milenio de Naciones Unidas por este trabajo. El mexicano Fabrizio Mejía Madrid es el cronista más joven antologado por Carlos Monsiváis en la nueva edición de A ustedes les consta, revisión de la crónica mexicana en los siglos XIX y 20. Habitual de Gatopardo y Letras Libres y autor de ficción y crónica novelada (El rencor, Joaquín Mortiz), es algo así como el Woody Allen criollo de la crónica por su manera de desnudar y hacer autopsias posmodernas de una ciudad de México que rezuma vida.

Además de las herramientas que los cronistas tomaron prestadas -sin intención de devolverlas- a la ficción, esta nueva generación incluye deliberadamente el yo como un personaje más que los convierte, en muchos casos, en una suerte de "gran hermano", que observa, escucha, huele, toca, siente y cuenta...

En la línea de vivir experiencias, la peruana Gabriela Wiener toca todo lo que haya que tocar para describir situaciones límite y hasta gore en las que, admite, "el sexo es un pretexto para profundizar en temas de género, de la condición femenina, de los límites, incluidos los míos propios, al ser experimentos de inmersión". En uno de los "experimentos" convivió con un polígamo confeso y sus seis mujeres para presentar sin sonrojos y describiendo sus propias sensaciones y cuestionamientos, un modelo de familia fuera de lo común en la crónica Gurú & familia. La editorial Melusina acaba de publicar en España la antología de crónicas Sexografías.

Frente al pánico propiciado por las cábalas apocalípticas que anuncian la muerte del periodismo a manos del "monstruo" internet, la crónica periodística ofrece a los lectores una voz que, en lugar de informar, cuenta. Julio Villanueva Chang, cronista y fundador de Etiqueta Negra, afirma que "la gente no busca historias porque quiere leer, la gente busca experiencias". Villanueva Chang viene a ser para esta generación algo así como el gurú-editor y su proyecto de revista ha logrado enganchar -de gratis- a colaboradores de la talla de Jon Lee Anderson, Alma Guillermoprieto, Francisco Goldman o Susan Orleans, habituales de The New Yorker.

También en Perú, Daniel Titinger, actual director editorial de la publicación, se aplicó a desentrañar los iconos de la peruanidad en su libro de crónicas Dios es peruano (Planeta). Más al sur, Cristian Alarcón, chileno y porteño por adopción, logró abrir un espacio para la crónica en la revista del recién nacido diario Crítica de Buenos Aires. "La crónica es una experiencia que me incluye y me cuestiona", afirma el autor de Cuando me muera quiero que me toquen cumbia (Norma), en el que se adentra en una pandilla de jóvenes -los pibes chorros- para retratar, casi como una autobiografía de encargo, a su tenebroso líder, criticado y santificado a la vez por su comunidad.

Los nuevos cronistas no circunscriben su universo a América latina. Juan Pablo Meneses se autodenominó "periodista portátil". Con la filosofía de "monto mi oficina en un cibercafé" publicó en 2005 el libro Equipaje de mano (Planeta/Seix Barral), una serie de crónicas de viajes que tecleó en cibers de Estambul, Barcelona, Vietnam y Buenos Aires. Y de periodista experimental se podría calificar también a este chileno, de 38 años, que acaba de publicar el libro La vida de una vaca (Planeta/Seix Barral), en el que a partir de las experiencias con su propio rumiante -se compró una vaca a la que llamó La Negra- hace un recorrido por el significado de este animal, su carne, su piel y sobre todo su arraigo en el imaginario argentino. Una curiosidad: estas vivencias fueron seguidas por sus lectores en tiempo real desde un blog, que Meneses actualizaba diariamente y en el que recibía la retroalimentación de sus lectores. Y el venezolano Boris Muñoz aporta la lectura de un latinoamericano a la vida acelerada y paranoica estadounidense en Despachos desde el imperio (Debate).

El leitmotiv de esta generación es la literatura y el placer de leer. No en vano, muchos escritores como Daniel Alarcón, Santiago Roncagliolo, Edmundo Paz Soldán y Alberto Fuguet se mueven sin pudores entre la novela y este pequeño compendio de verdad empacado en estuche de fantasía que es la crónica. -


Bibliografía: Sexografías. Gabriela Wiener (Melusina). La cuarta espada. La historia de Abimael Guzmán y Sendero Luminoso. Santiago Roncagliolo (Debate). Los suicidas del fin del mundo. Leila Guerriero (Tusquets). Adiós Mariquita Linda. Pedro Lemebel (Mondadori). Lo mejor del periodismo de América Latina. Varios autores (FCE/FNPI). La Habana en un espejo. Alma Guillermoprieto (Mondadori). Huesos en el desierto. Sergio González Rodríguez (Anagrama).

miércoles, 7 de noviembre de 2007

E.C.I.

La Escuela de Ciencias de la Información (E.C.I.) ¿debería? enseñar ¿algo? de periodismo. Algunos de los autores más representativos del reportaje, la crónica y el non-fiction no se encuentran en su biblioteca:

Ryszard Kapuscinski
Truman Capote
Jon Lee Anderson
Tomás Eloy Martínez
Gabriel García Márquez
Osvaldo Soriano
Martín Caparrós
Carlos Monsiváis
Alma Guillermoprieto
Elena Poniatowska
Juan Villoro
Juan Pablo Meneses

“Es que compramos lo que piden las cátedras”, se disculpó la bibliotecaria.

sábado, 6 de octubre de 2007

Juan Pablo Meneses



Juan Pablo Meneses es un cronista chileno, autor del libro de crónicas de viaje Equipaje de mano (Planeta 2003, Seix Barral 2005); y de Sexo y poder (Planeta 2004), la crónica del extraño destape chileno.
La Asociación de Prensa de Aragón publicó en 2006 el libro Un día con Juan Pablo Meneses, donde se transcribe su taller en el VII Congreso Nacional de Periodismo Digital, en Huesca, España.
Es autor de Crónicas argentina, un blog de Clarín.com. Es columnista permanente en el diario El Mercurio, de Chile; en la revista SoHo, de Colombia; en la revista Glamour, de México; y en el portal Clubcultura, de España.
En 2004 fue relator del taller de Periodismo Narrativo, dictado por Tomás Eloy Martínez para la Fundación Nuevo Periodismo de Gabriel García Márquez.
Sus crónicas se publican en importantes medios de Latinoamérica y España, y se ha traducido al inglés, por The Virginia Quarterly Review; al italiano, por la revista Internazionale; al portugués, por el diario O´Globo; al francés, por la revista Courrier International; y al alemán, por el diario Frankfurter Rundschau.


Servicio a la comunidad: Equipaje de Mano se puede encontrar a 10 pesos en Macao Libros.